jueves, 13 de agosto de 2020

La muerte

 Me da verguenza. Es estúpido, ridículo, patético, y alguna que otra cosa más pensar que no tengo derecho o poder para visibilizar mis emociones....en este caso, mi tristeza. Es inadmisible escuchar que alguien diga que tiene verguenza de poner en palabras el dolor que carga en su corazón, pero es eso lo que me pasa. Y no sé que hacer.

Es cierto que las sociedades no nos preparan para ir mostrándonos como nos sentimos. (De hecho, es típico de "hija del patriarcado" salir de shopping si se acaba de enterar que su marido ya no la quiere). Fingir o reprimir nuestras emociones es lo que se nos manda, de manera sutíl, a les humanes. Se me viene esta escena: Es común estar sentada en una butaca de cine (pre - covid) viendo una comedia, reírse a carcajadas de la escena y que se escuche nada más. Dale! reíte, no pasa nada. Sin embargo, la que te dice que te rías sin problemas es la misma que retomó su blog tres años después para contarle a nadie, o vaya a saber a quién, que tiene verguenza de hablar sobre la tristeza que lleva en su corazón.

Hace menos de dos meses me enteré que falleció una amiga mía. No de esas amigas que forman parte de tu presente y tu constante, tampoco de esas amigas que lo fueron todo en la niñez y ahora sola las junta el facebook. No. Cris y yo nos conocimos en la fundación donde trabajaba hace muchos años. Ella comenzó un día como ayudante de la profe de cocina y terminó ganándose el amor y el respeto de les alumnes y les docentes. Ella siempre tenía una sonrisa, una palabra de calma, un historia que contar. La verdad es que no la veía desde las vacaciones de invierno del 2019. Ese día fui a su casa a visitarla luego de una enfermedad que tuvo y que yo casi no acompañé porque me enteré mucho tiempo después y me animé a conectarla una vez curada. Charlamos tanto, me puse tan a tono con su vida, con todo lo que le había pasado, su situación actual. Me fui feliz de haber pasado esa tarde con ella y sus nietas, haciendoles conocer mi banda de música infantil, sabiéndola bien, en paz, tranquila. Entera. Luego pasaron muchas cosas, seguí con mi agitado rítmo de vida y la última vez que hablamos fue al comienzo de la cuarentena. Me escribió unos días después de mi cumple, para saludarme y sostuvimos la charla un ratito. Me quedé tranquila cuando, al preguntarle cómo estaba, me respondió que muy bien, con sus nietes, rodeada de amor. Luego me quedé con  mis días, mis clases en cuarentena, el encierro entendible pero raro....y me llegó la noticia un día después, en un grupo de whatsapp, al pasar, un simple comentario que hablaba de una muerte, algo que es tan común en el ciclo de la vida, y que puede resultarte como un puñal en el corazón.